Estoy contando los días esperando la prometida implantación de los portátiles en el aula. El motivo: el primer paso de la implantación de ordenadores se me quedó corta:
-Los alumnos no pueden realizar los exámenes por ordenador porque no serían individuales.
-El material que se trabaja en clase difícilmente lo pueden reutilizar en casa (se queda en los ordenadores del centro)
-En línea con lo anterior, si se imprime en papel lo que está destinado a ser visto en una pantalla, el gasto de papel es ingente.
-El hecho de que un alumno "rebotado" estropeara un ordenador afectaba inevitablemente a su compañero.
-Si quiero que escriban (en mi caso ecuaciones matemáticas), sólo lo puede hacer uno cada vez, por lo que el otro no hace otra cosa que molestar (se puede buscar algo para que vaya haciendo, pero no es lo mismo).
En fin, si funciona como dice en su blog J. L. Redrejo (que incluso funciona el aula si el alumno trae su propio portátil) estaré encantado con el cambio.
Eso no quita para que me siga doliendo (no dejará de dolerme nunca) la herida (virtual, claro) que me supuso la implantación primera.
Por si alguien lo dudaba, cuando decidieron pasarse por el forro de los "pupitres" las necesidades del profesorado e hicieron un alarde de desconocimiento total de las medidas de atención primaria más utilizadas dentro del aula (cambiar de sitio algunos alumnos, redistribuir las mesas, reorganizarlas para determinados trabajos, utilizar las mesas limpias de todo para manualidades con cartulinas o témperas, juntar tres mesas para que unos alumnos ayuden a otros, ...), nos sentimos absolutamente ninguneados. No creo que mereciera la pena el cambio.
Pero como agua pasada no mueve molino, no podemos estar toda la vida llorando por lo que fue.
Algo que hay que reconocer (y que casi seguro que los que tomaron la decisión tampoco lo midieron en toda su magnitud) es que ha cambiado tan rápido el mundo audiovisual, que los alumnos de ahora no aceptan la educación por los medios tradicionales (como es natural, hablo en general, yo también tengo alumnos estupendos que aprenden incluso con un profesor tan inutil como yo).
Aunque me duela reconocerlo (yo soy del sistema antiguo), con la mayoría de los alumnos actuales se consigue mucho más con medios interactivos que con la clase tradicional. Ellos están más preparados para asimilar lo que les entra por la vista que lo que repiten una y otra vez sin ningún interés para ellos (muchos buenos alumnos realizan esquemas, resúmenes, repiten una y otra vez los fórmulas y teoremas sólo porque se lo decimos nosotros). Cada día se hace más grande el espacio que separa la escuela con sus verdaderos intereses. Es una pena, pero hay que enseñar de otra forma si queremos seguir significando algo en el desarrollo del alumno.
Por tanto, habrá que adaptarse a lo que hay y sacerle el mayor partido posible. Y no son pocas las oportunidades que ofrecen los ordenadores. ¿Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos, despues de encontrar algún matrial en la web que nos gusta, lo bien que nos hubiera venido algo así en nuestros tiempos para aprender tal o cual tema?
Sí, seguramente hemos perdido mucho con el cambio. Pero habrá que aprovechar lo que sí se ha ganado.